
- Título original: Toxic Lullaby
- Nacionalidad: Alemania | Año: 2010
- Director: Ralf Kemper
- Guión: Ralf Kemper
- Intérpretes: Samantha Richter, Eva Balkenhol, Noah Hunter
- Argumento: Eloise despierta de un viaje de LSD para enfrentarse a la pesadilla de un mundo conquistado por los "sleepers", humanos infectados cuya sed de sangre es insaciable.
Quiero dar las gracias a Eddie Lamorgue (de LaMorgueCinema) por la traducción y montaje de esta cinta injustamente sobrepasada. Sin gente dedicada no podríamos ver obras minoritarias, como la que hoy nos ocupa, pero imprescindibles para iluminar al género de terror desde ángulos diferentes. ¡Seguid en la brecha!
Toxic Lullaby, escrita y dirigida por Ralf Kemper,es una producción alemana para televisión, que parte de una premisa sugerente: una bella joven, Eloise, tras un viaje psicotrópico a lomos del LSD, despierta sin saber muy bien donde está. Pues querida Eloise, el mundo ha sucumbido a una toxina que vuelve furiosa y sádica a la gente y la civilización se ha derrumbado. Unida a un misterioso grupo de supervivientes va desgranando sus confusos recuerdos mientras luchan contra un mundo hostil y salvaje como nunca hubiera podido alucinar. Una premisa interesante, ¿verdad? Desafortunadamente, la ejecución de la idea no es tan buena como podría.
Supongo que todos pensamos lo mismo: el foco de una cinta zombie son los caracteres, no el único, pero sí el principal. Por Toxic Lullaby desfilan una gran cantidad de personajes. Tristemente, la mayoría funcionan al nivel de recortables de cartón, básicamente nombres y rostros, a lo sumo una serie de frases exageradas. Todos tiene orejeras de burro y no pueden salir del breve rol de supervivientes amargados que el guionista les ha asignado. De hecho algunos soliloquios claramente tristes y nihilistas, se notan algo forzados; precisamente el efecto “calzador” es más doloroso por la pobre personalidad de los habitantes de este futuro hostil. Extremadamente acusado en el caso de Eloise, que, durante la primera mitad, se paseará ante la cámara sin objetivo aparente, sin recuerdos claros. Solo un pelele, que apenas habla, llevado de aquí allá por las circunstancias (vagar es comprensible en un mundo desangelado, pero ligeramente aburrido si lo hace la protagonista principal de la película). Mientras que en la otra mitad, cuando los recuerdos vuelven fragmentados a su memoria, se muestra más activa y guerrillera que nunca, aunque igualmente perdida. Difícil involucrarse con ella.
Digamos que la trama de Toxic Lullaby resulta fresca en los primeros compases – una muy particular mezcla entre Miedo y asco en Las Vegas y The Crazies -, incluso intenta mantener la frescura y la imaginación más allá de su genial comienzo, pero finalmente la propia idiosincrasia del subgénero zombie consigue hundir la sensación de discurso novedoso puesto que no sabe ponerlo en boca de sus protagonistas, y volvemos a paisajes comunes plasmados en pantalla correcta pero no brillantemente.
Lástima del convencional desarrollo que empaña mucho la impresión final del espectador, mellada aún más por la ausencia de explicaciones hasta bien pasado el ecuador del film – supongo que para hacernos sentir tan desorientados como a Eloise, aunque puestos a arriesgarse, ¿por qué darnos unas explicaciones que no necesitamos y cuando ya no hacen falta? -. Una pena el abandono, por parte de Kemper, del fuerte contraste entre los recuerdos lisérgicos de Eloise y la grisácea realidad contaminada del presente. La exhibición de un mal despertar de domingo está estupendamente tratada los diez primeros minutos del metraje; en mi opinión, esto por si solo ya justifica el visionado de Toxic Lullaby. Por desgracia, esta narrativa onírica y fragmentaria, excusada por las drogas, se abandona una vez metidos en faena zombie.
Aquí bien merece la pena hacer un inciso sobre la procedencia del peligro para la humanidad, y su aspecto: no se trata de muertos que resucitan, si no de infectados al uso cuyo ciclo de actividad necesita de grandes dosis de oscuridad – por eso se les llama “sleepers” -. Los amantes al gore tendrán una buena ración de desmembramientos y ataques que, si bien fallan en su ejecución física dada la inutilidad de los intérpretes, son lo suficientemente brutales para mantener el interés durante los tediosos interludios que toda película de “muertos vivientes” contiene en mayor o menor medida. Sin embargo, más interesante que los “sleepers” resulta la decadencia a la que la humanidad ha llegado debido a SPOILER años sumida en la barbarie toxicamente impuesta FIN SPOILER. No obstante aviso de que esta rama de la catástrofe está desarrollada por los pelos, supongo que debido a los escasos medios, así como a la excesiva suma de elementos diferentes entre sí: la joven drogada y su pasado, sus amigos perdidos, las comunidades de supervivientes, la “isla verde”, los discursos religiosos totalmente antirreligiosos, el poder de los lideres, el abuso físico, la supervivencia, el terror… – toca demasiados palos como para definirlos todos bien.
Como comentaba, se le asigna más importancia a los ataques de los “sleepers” que a continuar desvelando el pasado misterioso y esperanzador de nuestra “empanada” protagonista (¡vaya pedo se tuvo que agarrar para estar varios días grogui!). Privándonos así de la bonita contraposición de color y esperanza – el pedal de Eloise -, frente a gris y deshumanización – resaca de Eloise -. Así que pronto nos parece que el arranque de la cinta ha sido solo una tomadura de pelo, que no se llegará a desarrollar del todo, o, peor aun, la justificación de uno de los finales más odiados: “todo era una alucinación/sueño”. Afortunadamente, todas las elucubraciones, más bien locas, que nos vayamos forjando, van a fallar estrepitosamente. Lo que hace más llevadero su tramo final, casi únicamente centrado en “el presente”. Y cada cual sabrá si le convence la forma de justificar la película y sus riesgos; puesto que no debemos entender “logrado” por “inesperado”. A mi me agradó la forma pero no el contenido, puesto que hacía mucho minutos que el destino de Eloise y de sus compañeros me resultaba una historia sin interés.
A nivel técnico no se le puede exigir más. La fotografía, el sonido y la escenografía han sido los mayores beneficiados de la obvia búsqueda, encabezada por Kemper, de una ambientación fría e intensa, una atmósfera agobiante – conseguida a medias – y cuyo trasfondo no puede ser más pesimista. Sin embargo, en el resto de aspectos no destaca demasiado Toxic Lullaby, siendo sangrante la citada falta de dirección artística.
En definitiva, una película muy, muy, muy alemana. Imprescindible para completistas del género zombie/post apocalíptico en particular, y terror en general, o para los que no tengan miedo de la abstracción dentro del cine; porque encontraréis un intento, a medias, de aproximación diferente a los sobreexplotados subgéneros. Un riesgo cinematográfico que, unido a su excelente manufactura para tratarse de un “telefilm”, hay que valorar también por su atrevimiento. Claro que es mejor acercarse a Toxic Lullaby un día de esos “nublados”, una noche tristona y melancólica en que las vibraciones del alma estén sintonizadas con lo peor y más pesimista de la humanidad.
Lo mejor: Los psicodélicos primeros compases y multitud de pequeños detalles de calidad
Lo peor: Esos pequeños detalles no cuajan a nivel global, debido a la abundancia de personajes sin desarrollar
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